Los menores españoles son los que más tiempo dedican a las redes sociales en el mundo, con una media de 77 minutos al día, superando la media global de 64 minutos. Estos datos, provenientes de un estudio de Qustodio, resaltan la creciente preocupación sobre los riesgos que enfrentan los jóvenes en plataformas digitales, especialmente en el contexto del debate sobre la prohibición del acceso a estas redes para menores de 16 años en el país. El reciente Día del Internet Seguro, celebrado el 10 de febrero, ha reavivado la discusión sobre la seguridad en línea, poniendo énfasis en el uso de mensajes efímeros.
Las aplicaciones que ofrecen contenido de única visualización, como imágenes o audios que se eliminan después de ser vistos, son cada vez más comunes. Plataformas como WhatsApp, Instagram, Snapchat y BeReal han integrado estas funciones, que ofrecen a los adolescentes una sensación de intimidad al interactuar sin que sus padres puedan supervisar directamente estos mensajes. Sin embargo, expertos como Gloria R. Ben, psicóloga de Qustodio, advierten que «lo digital nunca es totalmente temporal», lo que implica que, aunque estos contenidos desaparezcan de las pantallas, pueden ser capturados o grabados.
A pesar de la aparente seguridad que brindan los mensajes efímeros, existe un gran riesgo asociado. Estos mensajes, aunque se eliminen de los chats, pueden almacenarse a través de capturas de pantalla o grabaciones, lo que permite que el contenido se difunda fuera del contexto original. Este fenómeno puede llevar a los jóvenes a ser menos cautelosos al compartir información delicada, normalizando situaciones de alto riesgo como el envío de fotografías comprometidas o datos personales que podrían ser utilizados en su contra.
Frente a esta problemática, Qustodio ha elaborado una serie de recomendaciones dirigidas a las familias para concienciar a los menores sobre los peligros que conllevan los mensajes temporales. Entre estas sugerencias se incluye reforzar la educación digital, establecer límites claros sobre los contenidos que no deben ser compartidos y fomentar un acompañamiento digital realista, que permita a los adolescentes comunicarse abiertamente sobre cualquier situación incómoda.
La prevención es fundamental, según Ben, quien enfatiza que «la prevención empieza en casa: con acompañamiento, límites claros y una conversación abierta que llegue antes de que el problema escale». La clave radica en instaurar hábitos de autocuidado digital desde una edad temprana, para promover un uso saludable y seguro de las redes sociales entre los adolescentes.
